Las energías renovables ya están haciendo su labor. Una de éstas es la energía solar, la cual se presenta como una gran esperanza para salvar el medio ambiente. Una realidad que ya se puede ver, por ejemplo, en las placas solares en el desierto.

Buena parte de los gobiernos más poderosos del mundo han pactado un objetivo claro: frenar las emisiones de CO2. Por ejemplo, la Unión Europea ha firmado un objetivo de reducir, con referencia a 1990, al menos un 55% las emisiones de gases con efecto invernadero. Y desean que en 2050 las emisiones sean 0. Esto podría hacerse de dos maneras: reduciendo la demanda energética de la sociedad o generando energía de una forma limpia y siendo sostenibles en el día a día. Y, según los hábitos de las personas, parece más factible la segunda opción.

La generación de energía través de combustibles fósiles van dejando paso en favor de las energías renovables. El petróleo, con un porcentaje en torno al 30%, es todavía la primera fuente de generación de energía. Su agotamiento, aunque se prevé en décadas, va aplazándose debido a la aplicación de nuevas tecnologías para su extracción. Sin embargo, el final de su uso seguramente no llegará por falta de suministros. Como ha pasado a lo largo de la historia con la leña o el carbón, sería remplazado por fuentes más convenientes antes de llegar a su agotamiento. Por avances tecnológicos y por conciencia de la sociedad.

En contraposición a esas fuentes de energía fósiles, están las energías renovables. La mejora de los sistemas están posibilitando un mayor aprovechamiento y una reducción de costes. Además, el viento, el agua o el sol nunca se van a acabar. Al menos nadie de quienes estamos leyendo esto lo comprobaremos.

Es por ello que el aprovechamiento y uso de las energías verdes ya es más generalizado. Así, por ejemplo, podemos ver placas solares en el desierto. Miembros del equipo de Smart Spain, expertos en instalación de placas solares, lo comprobaron en Túnez. Tal y como se ve en la foto de portada de este artículo, estos sistemas fotovoltaicos pueden ayudar hasta en los lugares más remotos y humildes.

Y, si hablamos de energía solar, evidentemente ésta se capta mejor en los lugares donde los rayos del astro rey llegan de manera más nítida. Es decir, lugares donde el clima permite cielos despejados y las horas de luz abundan. El mejor ejemplo para ello son los desiertos. Estas zonas cuya actividad humana en ocasiones se reduce a la nada, podrían servir como fuente de energía y motor del mundo.

 

Existen placas solares en el desierto de Atacama

Instalaciones de placas solares en el desierto de Atacama

Chile sufría un gran problema de déficit energético, y para combatirlo decidió apostar a inicios de la década de 2010 por un paraje natural de su geografía: el desierto de Atacama, el lugar no polar más árido del planeta. Ahora son ejemplo de cómo un país puede abastecerse energéticamente utilizando sus propios recursos, y son objetivo de inversión de gran cantidad de proyectos que ven la energía solar en el desierto como el presente y futuro de nuestra civilización. Saben que van a amortizar esas instalaciones solares. De esta manera, allí se prueban diferentes sistemas como el de paneles que giran para orientarse al sol o paneles solares bifaciales. El objetivo, siempre el de aprovechar de la mejor manera la luz solar para transformarla en energía eléctrica.

    Proyectos de placas solares en el desierto del Sáhara

    Y, si existe un problema global en torno al abastecimiento de energía, la generación de gases contaminantes y su solución puede ser una energía limpia como la solar, ¿por qué no llenar el desierto más grande de la Tierra con placas solares? La idea suena bien, y así lo plantean desde proyectos como el Sahara Solar Breeder, donde plantean abastecer energéticamente al planeta desde allí. De hecho, un cuarto del territorio del Sáhara podría generar en un día toda la electricidad que se consume en el mundo a lo largo de un año. Además evitaría la erosión de ciertas zonas.

    Sin embargo, otros estudios afirman que las consecuencias de plagar el Sáhara de instalaciones de placas solares podrían ser nefastas para el medio ambiente. Los paneles solares harían revotar el calor y de esta manera se produciría una condensación que desembocaría en lluvia. Esto, evidentemente, favorecería el crecimiento de vegetación y un cambio radical del ecosistema, el cual podría repercutir en todo el planeta. Además, en un país tan inestable políticamente, los impedimentos para llevar a cabo el proyecto podrían aparecer.

    Lo que parece evidente es que las energías renovables son el presente y futuro del planeta. Una buena utilización, con todos los cálculos sobre sus consecuencias, es la esperanza en lo social, en lo económico y en lo medioambiental. Cada país cuenta con sus recursos limpios propios, y avanzamos hacia una situación donde van a ser los grandes protagonistas energéticos. Y España, un lugar envidiado por sus horas de sol, parece irremediablemente avocado a llenarse de kits fotovoltaicos. Estos abastecerán energéticamente a miles de familias y empresas de manera sostenible.

     

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